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La tercera edad frente al COVID-19

Al inicio de la crisis que estamos viviendo existía en nuestra sociedad la idea de que el virus, el COVID-19, no debía preocupar en exceso ya que se decía que, únicamente afectaba a las personas mayores y con patologías previas.  Se comparaba con la gripe, como si no fuera nada serio; La gripe acaba con la vida de miles de personas cada año.

Esto nos llevaba a cuestionarnos, ¿la vida de una persona adulta tiene menos valor simplemente por el hecho de tener una edad avanzada?.

Parecía, que se ponía en cuestión que, al afectar más el virus a un sector de población de edad avanzada parecía que fuera menos grave o debía preocupar menos al resto de población. Esta opinión generalizada, en su momento, podía crear un sentimiento de “carga” o de “culpa” en nuestros mayores. Puede hacer que este colectivo se sienta mal por necesitar más cuidados, más asistencia sanitaria o más medidas de precaución.

A todo esto, hay que sumarle el miedo. En la mayoría de los casos, las personas mayores, son conscientes de su estado de salud y su delicadez, a la que hay que sumarle el miedo y la incertidumbre actual. Saben que el virus les puede acarrear unas consecuencias mucho peores que a otras personas y, en muchos casos están pasando estos días solos.

Son muchas las personas mayores que, hoy en día están en sus casas solos, sin un apoyo familiar, encerrados y confiando en una atención telefónica o domiciliaria.

Debemos hacer una mención también a la situación en las residencias de la tercera edad donde el coronavirus está causando catástrofes, en algunos casos. Hay situaciones de verdadero espanto. Familiares que conocen el fallecimiento de un ser querido a través de una llamada de teléfono, sin poder despedirse; sin poder irse la persona rodeada de sus seres queridos.

Los que contrataron seguros privados tal vez tienen ciertas coberturas. En un país donde las pensiones y los salarios suelen ser bastante bajos, la mayoría no tuvo esa oportunidad. Muchos sólo tienen a sus familias, a la solidaridad ciudadana y a la administración pública.

Nos hemos enfrentado y seguimos inmersos en una crisis de carácter excepcional para la cual no estábamos preparados y no es fácil de gestionar. No contamos con todos los recursos que nos gustaría. Precisamente a uno de los colectivos de más riesgo en esta crisis como ya hemos dicho, las personas mayores, no tienen acceso a las pruebas para detectar posibles infecciones del virus.

Nuestro país está luchando contra un enemigo terrible. Se elogia, con razón, el esfuerzo de los que atienden a los enfermos y de los que apoyan su labor desde distintos ámbitos como la seguridad ciudadana o la logística y el suministro. Merecen todos los aplausos. Pero estos ancianos en sus casas y en las residencias merecen atención, cuidados y recursos.

Por nuestra parte queremos recalcar que, nuestros ancianos, tanto en casa como en residencias, merecen la misma atención, cuidados y recursos que el resto de población. Sus vidas no valen menos que las de los demás; no son una carga, ni los causantes del colapso sanitario. Puede que muchos de ellos fueran los que levantaron este país hace años.

Por todo ello, agradecemos el trabajo de todas las personas que están haciendo posible avanzar en esta crisis y, especialmente al colectivo de las auxiliares de ayuda a domicilio que, desde el inicio de esta crisis han estado al pie del cañón. Trabajando con el colectivo más vulnerable, exponiéndose ell@s mismas, por el cuidado y la atención a nuestros mayores.

 

AUTORA 

Rosana Rico (Trabajador Social de Asistenzia)