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El duelo

El 1 de Noviembre celebramos la festividad de “Todos los Santos”; durante ese día rezamos por nuestros seres queridos que ya no están, dejamos flores y velas en los lugares donde yacen y les recordamos con el mismo cariño con el que ellos nos trataron en vida.

En este post queremos centrarnos en cómo una persona de la tercera edad afronta la pérdida de su cónyuge. La experiencia de quedarse viudo o viuda será más o menos traumática y su duración será más o menos larga dependiendo de las habilidades sociales, interpersonales e instrumentales de cada persona.

Durante la viudedad la tristeza invade a quien queda solo, impidiéndole en algunos casos salir adelante y rehacer su vida.

El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a la pérdida de un ser querido; en él se producen cambios de pensamiento, sentimiento y actividad como respuesta a la ausencia de la persona amada. El tiempo y el proceso que se necesitan para volver al equilibrio normal es lo que conocemos como proceso de duelo. Su inicio puede ser inmediato a la muerte del ser querido o aparecer unos meses más tarde, dependiendo de cada persona.

El duelo lo componen 4 etapas dinámicas:

  • Etapa de impacto o shock. La persona se enfrenta a la noticia de la muerte y a una realidad que no logra comprender. En esta etapa no es muy recomendable la sobreprotección o el obligar al doliente a realizar actividades que no quiera hacer, aunque debe haber una supervisión más o menos constante por parte de la familia y el entorno más cercano. En esta etapa suelen aparecer reacciones fisiológicas tales como insomnio, nauseas, cambios en el ritmo cardiaco, etc…
  • Etapa de rabia o culpa. La pérdida ocupa por completo la mente del doliente y se produce un gran desorden emocional.
  • Etapa de desorganización, desesperación y retraimiento. Puede durar hasta 2 años en los cuales se intensificarán la pena y el llanto y aparecerán sentimientos de culpabilidad, soledad y auto-reproche. En esta etapa se debe acompañar al anciano y propiciar que exprese sus emociones.
  • Etapa de reorganización. En esta etapa el anciano incorpora la perdida como una ausencia presente y puede durar 2 años; se acepta el vacío y se tiene una visión más realista del ser perdido.

Consejos para trabajar en un duelo sano:

– Recordar a la persona. Se pueden guardar objetos significativos que recuerden a la persona que ya no está, pero no es aconsejable guardarlo todo.

– No reprimir las emociones. La persona doliente debe expresar sus emociones libremente.

– Expresar el duelo. Hablar con familiares, amigos y terapeutas ayudará a continuar la vida de una forma sana y equilibrada.

– Estar ocupado. Realizar actividades, participar en grupos con inquietudes similares ( culturales, de ocio, etc…) ayudará a sobrellevar mejor el duelo.

Si el duelo se afronta de forma sana puede suponer una etapa de crecimiento y desarrollo personal, una vez que la persona que ha quedado sola sea capaz de recordar e integrar lo mejor de su relación con la persona fallecida a su nueva vida.

 

     AUTORA:
Marisa Sevillano (Trabajador Social de Asistenzia)