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CALIDAD DE VIDA Y TERCERA EDAD

CALIDAD DE VIDA Y TERCERA EDAD

Ante la evolución de lo que se entiende por calidad de vida, así como de la sociedad, es necesario analizar con un enfoque dirigido hacia el colectivo de tercera edad, lo que supone mantener un cuidado continuado, diario y sin descanso de una persona con necesidades especiales, ya que las personas mayores, suponen el grueso de las personas dependientes actualmente.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2014) quién define el término salud como: “un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Se puede Observar como se ha pasado de un modelo de tratamiento meramente biomédico, que entendía la salud como un estado de ausencia de enfermedad hacia un modelo biopsicosocial, el cual, ofrece un enfoque participativo entre los factores biológicos, psicológicos (pensamientos, emociones y conductas) y sociales, desempeñando un papel principal en la actividad humana, la conducta y el afronte hacia la enfermedad y/o discapacidad.

Por ello la sociedad está cada vez más concienciada de que los conceptos salud y calidad de vida están intrínsecamente ligados. Ahora bien… debemos saber, que la calidad de vida, no solo se debe medir con evaluadores puramente objetivos, ya que esta también es una percepción subjetiva de la propia persona, quién de forma particular, expone sus necesidades, sus gustos, sus emociones, su percepción, sus aficiones, sus metas… y así hasta una larga lista.

Cuando a personas de la tercera edad nos referimos, la sociedad en su conjunto, o por lo menos gran parte de esta, tiende a pensar que debido a su avanzada edad, ya han hecho todo lo que tenían que hacer en la vida, y es por ello, que no tenemos en cuenta sus emociones, sus gustos, sus ilusiones, sus proyectos, que aunque creamos que no, los tienen. Vivimos en una sociedad de continua aceleración, en la que mantener un ritmo más lento que el resto es sinónimo de inutilidad, dependencia, “carga”, sin darnos cuenta que ni los mas jóvenes son capaces de mantener el acelerador pulsado continuamente, mucho menos nuestros mayores.

Gestos tan sencillos como el acompañamiento, la empatía, el ocio, el sentimiento de utilidad, hacen que nuestros mayores, se sientan parte de un conjunto social, de una comunidad que los quiere, los respeta y los toma en cuenta como parte activa de la misma. Aumentando así, su percepción de calidad de vida.

Una sociedad participativa, que tiene en cuenta a todo su conjunto, que se preocupa por la calidad de vida de sus miembros, mantiene una relación directa con un descenso de la morbilidad. Y esta aunque exista, no debemos olvidar, que aun siendo crónica, no está muerta, y es capaz de sonreír, avanzar y en definitiva ser feliz con lo que le ha tocado.

Invertir en el cuidado de nuestros mayores, es invertir en calidad de vida, y no hablo solo respecto a nuestros ancianos, sino de las personas, que sin poder evitarlo se ven abocadas a cuidar de los miembros dependientes más débiles de su alrededor: madres, padres, abuelos, personas dependientes… renunciando en muchas ocasiones a sus propias ilusiones, para simplemente parchear un problema que continua estando ahí, no desaparece, y que con el tiempo se va haciendo mayor. Es por todo ello, que la sociedad, las instituciones, la empresas, el Estado y todas y todos en general, estamos más concienciados a hacia la necesidad de crear canales de ayuda profesionales, que cuiden no solo de las personas dependientes, sino de sus cuidadores principales, que generalmente, son los familiares más allegados.

La mayor demanda de estos cuidadores no profesionales, es tiempo, tiempo sin el que se quedaron cuando tuvieron que hacerse cargo del cuidado, tiempo personal al que se vieron obligados a renunciar por tener que invertirlo en cuidados, que en muchas ocasiones no sabían afrontar y que por no tener ningún canal efectivo de ayuda tuvieron que abordar, sin más salvavidas que su propia valentía.

Pero… ¿todo sigue igual? o ¿Algo ha cambiado?

En conclusión, considero que hay que nivelar las necesidades de las personas dependientes con los tiempos acelerados que vivimos, y eso sólo se puede llevar a cabo satisfaciendo las necesidades que se crean al intentar darles una calidad de vida plena y conseguir así, que la disfruten al máximo. Con ello, se produce una demanda continuada de servicios profesionales, que atiendan de forma óptima dichas necesidades, tanto de las personas dependientes, como las personas que los cuidan. Pero siempre, otorgando un servicio profesional, de calidad, que no solamente parchee la situación, sino que en la medida de lo posible, la mejore, cuidando de la persona cuidadora y haciendo en su conjunto una sociedad más sana y feliz. La distribución de la obligación, la atención personalizada, la calidad del servicio, el desahogo, la disminución del estrés… entre otros, son factores que sin lugar a dudas, cualquier persona tendrá en cuenta a la hora de medir su calidad de vida.

Salvador Jover.

Colegiado:  02/1687

Trabajador Social de ASISTENZIA Alicante

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • Castillo Martínes, J A. (2015). Calidad de vida y salud. Blog SEPIMEX, Psicología de alto nivel. Disponible en: https://sepimex.wordpress.com/2015/01/06/calidad-de-vida-y-salud/
  • Martín Sánchez, M. García González A J. (2003). Calidad de vida en la tercera edad desde la salud y el estado de bienestar psicosocial. Facultad de psicología de la Universidad de Sevilla.